#cumplicornio

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Me gusta celebrar las cosas. Me gusta mucho el día de mi cumpleaños. El único problema es que cumplo años el 30 de julio y en esas fechas la gente tiene por costumbre irse de vacaciones.

Malditos.

Pero este año era diferente. Este año abandono el 2 y pego un salto hasta los 30. Y quería que en el salto me acompañaran unos cuantos culpables de mi felicidad.

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El sitio importaba, claro. Lo celebré en I’m not dead, el espacio para-todo de HerraizSoto. Allí han pasado un millón de cosas. Todas buenas, aunque algunas no las recordemos del todo nítidas.

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Y hubo unos cuantos unicornios, claro. Y confeti y purpurina. Y globos gigantes y hasta piñatas.

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Os presento LA tarta. Unicornios y colores pastel que escondían la mejor rainbow cake de la historia. Maravilla.

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Y comimos mucho y fenomenal. UberEats se encargó de traerlo todo calentito y en el momento justo, con tarta incluída. Las burgers eran de Chivuo’s y todavía sueño con la de pulled pork y los chips de plátano.

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Junio 2015

Otro aeropuerto, más aviones. Empiezo junio en Londres. De vuelta a Barcelona decido correr la cursa dels bombers, más por la compañía que por la carrera. Aprendizajes:

a) si dejas de correr, las carreras cuestan más.
b) correr en Barcelona con este calor y esta humedad es una locura.
c) que el amor te acompañe en la salida y que tu padre te espere en la meta hacen que todo lo demás no pese.

Baños en slowmotion, calas con gente, arena en el comedor, temporada de gazpacho, Sónar de dia con gente que mola.
Otro avión, esta vez a París, que me llevaba a beber el mejor champagne del mundo y a bañarme en LA piscina Molitor. Pero antes de llegar a la ciudad de la luz me esperaba otra sorpresa: encontrarme a Rafa en el aeropuerto, yo recién llegada y él y Quique haciendo escala en su camino hacia dominar Asia. Y al llegar las sorpresas continuaron: me encontré a Hiro cubriendo también el evento, ¡después de 3 años sin vernos!
Y cuando parecía que el mes no podía dar más de sí: New York. Donde me esperaban fotos, las Naciones Unidas (!) y una pre-celebración de cumpleaños por las calles de una ciudad que me enamora cada vez más. Ah, y una odisea a la vuelta que voy a intentar olvidar lo antes posible: mi avión no llegó a despegar por motivos de seguridad, 2 horas más tarde me subía a otro que tuvo que volver al JFK después de casi 3 horas de vuelo por, again, motivos de seguridad. Me consiguieron un hotel al lado del aeropuerto y un billete para el día siguiente. Así que pensaré que o tuve mucha suerte o la ciudad no quería que me fuera :)