El bosque de Finlandia

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La sierra de Madrid ME FLIPA.
Vale, ahora ya podemos continuar.
Pero solo había estado en verano, porque era la única forma de no echar de menos el mar cuando vivía aquí. Y porque molaba salir de excursión aunque en realidad estuviéramos a una hora de casa.

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Ayer decidimos que también habría que verlo en invierno, por aquello de los contrastes. Y los tuvimos. Y qué RASCAZA bonito estaba todo.

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El lago estaba helado, a mí me faltó valor para ponerme a patinar sobre él. Pero Martín, que parece que no ha visto demasiados vídeos en YouTube de gente congelándose porque la capa de hielo no aguanta, probó suerte durante un par de segundos.

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A todo esto, CASI feliz año a todos.
Entren en el 2015 brindando, queriendo y siendo (muy) felices.

Madrid, volver.

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Llegó la navidad. La gente se reúne y come much(ísim)o. Las calles están hasta la bandera y hacerse un hueco entre la gente sirve de entreno para la Spartan Race. Todo el mundo compra los mismos regalos y Mr. Wonderful se frota las manos frente a una chimenea donde en lugar de troncos se queman marshmallows. La gente que anda lejos vuelve a casa y las cocinas se llenan de familiares que están a dos vinos de arreglar el mundo.

Y sí, por enésima vez, no me gusta la navidad. Y no tengo muy claro dónde vuelve uno cuando vuelve a “casa”. Para mí casa es Barcelona, porque allí tuvieron a bien de traerme al mundo, porque allí vive mi familia, porque ha sido el lugar donde descubrí casi todas las primeras cosas, porque aprendí a querer con un “t’estimo” y a despedirme con música brasileña.

Casa es Cadaqués, porque allí siempre ando sin filtros. Porque duermo mejor que en cualquier otro sitio, porque me hace feliz, porque todo el amor que se quedó allí vuelve cada vez que sopla Tramuntana.

Casa es Madrid. Amaba esta cuidad siendo una cría. Nadie en mi familia es de Madrid, pero me escapaba aquí siempre que podía y sabía que tarde o temprano haría las maletas y me vendría. Todo lo que me ha dado esta ciudad es (tan) bueno.

Los últimos 5 años han empezado aquí y han sido buenos. No vamos a romper la racha a estas alturas. Ahí va un resumen de lo bailao estos días :)

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Mi fotógrafo favorito del mundo mundial: Jorge Alvariño. Con ruta hipster incluída.

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Los maravillosos bares castizos y sus vinos. Raquel y Cris, o lo que es lo mismo, empezar a la hora del aperitivo y que se te junte el día y la noche.

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Martín, mi humano favorito (y al que pronto veréis con outfits más… tropicales), Dani y yo decidimos acabar con las existencias de vermú de todo el barrio. Y ni tan mal.

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No sé si es que yo le tenía muchas ganas o que la ciudad está especialmente bonita, pero estoy disfrutando mucho de los colores, las sombras y los atardeceres que me está regalando diciembre.

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Por lo que sea, no había ido al Toma desde que lo ampliaron. Pero ayer nos encargamos de solucionarlo por todo lo alto. Tarta incluída, ojo.

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And last but not least, el lisensiado Rafa. Fui a darle los achuchones que había estado guardando estos meses y él, a cambio, me regaló unas vistas desde su atardecer. Win win. No os quiero saturar mucho con sus fotos, porque tenemos apalabrada una sesión para que el muchacho renueve sus perfiles sociales y las envíe a Adán y Eva. Y entonces sí que sí. Pero me gustaba mucho la luz y que se ría tanto que salga movido. Amor del bueno, hoygan.

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1, 2, 3… probando.

Debería tener guardado en borradores un post que se titule “Siento tener el blog así de abandonado”.

Pero (empezar así una frase es terrible, lo sé) no he parado hasta ahora. Me había quedado sin ropa limpia, sin espacio en las tarjetas SD y hasta sin 3G. Escucho a Rafa Gil tuitear “ui sí, pobrecita #firstworldproblems” desde aquí.

Voy a intentar resumirlo un poco y, en breve, ampliar cada uno de los destinos. Que se lo merecen. La primera parada fue Madrid. Y allí siempre me espera gente achuchable. Pero para describir cada uno de los días necesitaría más posts de los que vuestra paciencia podrían soportar, os lo aseguro. Descipción de las primeras horas en la ciudad: me bajo del Ave, me subo a un taxi, llego a la Bicicleta (maleta en mano), Rocío me pone un café y me da abrazos suficientes como para pasar el mes. Al rato llega Raquel y su risa (que es lo más bonito que te puede pasar en Malasaña) mientras nos ponemos al día llega Tamy (más radiante que nunca) que se une y nos presenta a Gizmo. Y ante tanta chica mona aparece ÉL: Taramona. Ya hablé de él, así que intentaré no ponerme pesada, pero es que Rodri es capaz de alegrar un velatorio. Y entre cafés y “vueve ya, coñe” llegó Martín con su bici nueva. Lo bueno de Martín es que siempre me abraza como si no nos hubiéramos visto en siglos. Incluso cuando vivíamos a dos calles.

Eso fueron las primeras horas. Después de eso apareció Rafa, Cris, Raquel y Antonio, Dani, Inés, y un montón de gente que me recuerda lo feliz que he sido en Madrid. Y llegaron las alitas de pollo, las hamburguesas, el Maki, los copazos y la tortilla de Corazón. (Mientras escribo esto voy pensando en hacer cajas y volver, os informo.)

duo_mad

Luego vino Israel, Primavera Sound y Venecia. Pero eso es otra historia.