Ultra Boost Launch

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Por fiiiiiin puedo sentarme un ratito a editar fotos y a escribir un post en condiciones. Hoy termina la 080 Barcelona Fashion y antes de enseñaros las fotos de modelos, looks y gente corriendo de un sitio a otro, toca hablar de NYC. (suspiro) (suspiro)

A veces pasan cosas que molan. Ejemplo: que te llame Adidas para decirte que lanzan las nuevas Ultra Boost y que quieren que tú hagas las fotos del evento. En New York. Ahá.

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Aplazar reuniones / Maleta / DIOSMIOESTÁNENALERTAPORNIEVE / Aeropuerto / Dibujar letras en revistas ajenas / New York / Taxi / Soho.

Del hotel ya hablaremos más adelante, pero era la felicidá. Los chicos de Adidas se encargaron de que no pasáramos frío y de que estrenáramos, antes que nadie, las nuevas zapas.

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Dejamos las cosas en la habitación, respiramos durante un par de segundos y nos fuimos hacia Wall Street para ver el lugar donde al día siguiente se iba a celebrar el evento. Pintaza. Más adelante descubriríamos que era el “Gotham City Stock Exchange” que aparece en la peli “The dark knight rises”. Tomayá.

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Y no se les ocurre otra cosa que invitar a un montón de gente que corre (de verdad) y que además son majos, majos. Como Chemita Martínez, que imita a Valentí Sanjuan mejor que el mismo Valentí.

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Más gente que no quiso faltar al evento: David Villa, Miguel Ángel Muñoz, Chemita y Marc Clotet. Que, siento el spoiler, son adorables.

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Y llegó el momento. El evento estaba muy bien, pero había que probar si las zapas era tan geniales como decían. Y allí que nos fuimos. Salimos (go purple team!) a correr por Central Park. Al final no hubo que lamentar víctimas, aunque Miguel Ángel, Valentí y Chemita tantearon a la suerte caminando por uno de los lagos helados.
El de aquí abajo, concretamente.

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Gracias familia, por la buena energía y por los desayunos continentales.
Aquí va el vídeo, por si alguien pensaba que esto era todo postureo:

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Correr

Empecé a correr por pura envidia. Fui a animar a un amigo a la San Silvestre hace un par de años y en cuanto llegué a la puerta de Alcalá deseé estar allí en medio. Corriendo con ellos. Mirándolo desde el otro lado. El PEQUEÑO problema es que no había corrido en la vida. Más allá de en las clases de educación física, en los tests de cooper y en aeropuertos en los que se me escapa(ron)ban aviones. Y ninguno de esos tres recuerdos son buenos.
Pero aquello era diferente. Iba a correr por voluntad propia, sin prescripción médica. Así que esa semana me colé entre gente que buscaba regalos de última hora y me hice con el look total. Zapas, cortaviento, mallas con tejido reflectante, calcetines (sí, a mí también me convencieron) y brazalete para llevar el iphone. Cuando llegué a casa me descargué Nike+ y busqué playlists. Y bueno, lo guardé todo en un cajón algún tiempo, porque hacía un frío de pelotas y porque soy buenísima buscando excusas.

Pero al final salí. La idea era dar una vuelta por el Retiro. En Gran Vía ya no podía más. Y al final creo que no llegué a hacer ni 4 kilómetros, pero de vuelta casi pido un taxi y una transfusión de sangre. Llamé emocionada a mi padre que me respondió con una frase de esas que inspiran, de las que quieres colgar en Pinterest con alguna tipografía chula: “si es que tienes menos fondo que una lata de sardinas”. Yo sigo pensando que tenemos antepasados vascos.

Seguí corriendo. Cada vez un poco más. Salía cuando me dolía algo. No importaba mucho si el dolor era físico o mental. Recuerdo que llegué a correr llorando alguna vez, no recuerdo porqué pero sé que volví a casa bastante más tranquila. Nunca seguí una rutina, algunas semanas salía 3 días y otras ninguno. Paré en verano. Luego cambié el Retiro por la cinta. Y Madrid por Barcelona.

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Y el 31 de diciembre corrí la San Silvestre. Nunca había corrido más de 8 kilómetros seguidos, pero pensé ¿qué son 3 kilómetros más? Ese día fue, más o menos, la distancia que separa Williamsburg de Zamora. La acabé por narices y por no darle la razón a mi padre, posiblemente. Y me faltaba entreno, desde luego. Pero al acabar cambié las zapas por unos tacones, la cuesta de Vallecas por el Passenger y el Gatorade por un Old Fashioned.
Y aquí estoy, un año después, esperando a que salgan las inscripciones. Entrenando 3 veces por semana para conseguir correr un medio maratón el año que viene lo que sea que me motiva a ponerme las zapas, que todavía no me queda muy claro. Y disfrutando del sufrimiento.